En tu silente edén, mi vida entera
florece entre las palmas, sobre el seno
que iluminas en mí, de tu luz pleno,
y me siento nutricia y primavera.
Quisiera ser impulso que ofreciera
de enharinadas manos el pan bueno;
y el calor de los cuentos y del heno;
y el titilar que el agua reverbera.
A tu lado, sin máscaras, despierto
como un vano fatal, vestal, fluyente…
como un fractal en tu mirada abierto.
Y entonces soy “mamá” y, cuando te llamo,
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.