Las cosas que ahora sigues recordando flotan sobre las aguas del olvido,
cual barco plomizo anegado al abismo de bestias y monstruos famélicos.

Penitencia de una desvalida que bucea al amparo de una pluma,
en los chubascos juiciosos que taladran la indecencia de su atisbo soñador.

Esfuerzo languidecido cercado por una bruma férrea de hostilidad,
de creaciones etéreas e indignas para esta basta y malograda humanidad.

Perdona las plúmbeas mentes que rebuznan sobre tu existencia,
y lapida en los fangos los versos que no bombearon en su corazón.

Ya que la única vacuna capaz de curar la intolerancia y la aversión,
es contagiar versos, contagiar pasión.