Miro y tiendo a limitar las distancias
del lugar en que, absurdo, me encuentro,
busco donde esconderme por las estancias
y me apago desde fuera hasta el centro:

un corazón – caja de resonancias
de humores y quebrantos siempre dentro –
que busca refugio en sus circunstancias,
y pretende al ser en que me concentro.

Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo
sobre este fondo blanco permanente,
mas no sobre la vida que, al fin, reclamo:

Un cobarde que mira en el espejo
el deseo – o la quimera – del reflejo.