El milagro del recuerdo a menudo te devuelve
el deslumbrante estallido de sol de aquel domingo,
la increíble gesta infantil nunca olvidada,
el desbocado latido de tu corazón adolescente.

Pasan los años y evocas a mi lado, aún emocionada,
cada palabra de amor que te fue dicha,
cada caricia dada y recibida, cada beso,
cada maravillosa cercanía anhelada y encontrada.

Agradeces la hermosa vida que has labrado
y cada uno de los frutos cosechados; y muy poco a poco,
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido,
ese imparable cauce de silencio
a cuyo lecho, amor, juntos seremos llamados.