La presencia de tu perfume me invita a revivir
la tarde otoñal en la que las hojas caídas
abrazaron nuestro pies cansados.

Después de tantas lluvias, de tantos llantos,
hemos avistado una isla serena,
acantilada por los presagios de antaño.

Sin espejismos ni mentiras,
sin recelos y con la voluntad afinada,
las cosas que ahora sigues recordando flotan sobre las aguas del olvido.

Y sin esperarlo, ni prevenirlo,
tu aroma se ha desvanecido hasta borrar la leve silueta
de tu aparecer a mi lado.