Cuánto tiempo habrá pasado,
desde que dulcemente te posabas…
Serena, en las lindes de mi espíritu,
como un manantial de nimbos nacarados.
¡Eras en la hora angustiosa, la única deseada!
¡Mi sigilo de amor callado, de Arcanos bien traído!
Más hoy que de ti, ya no queda nada,
ni la presencia, ni los besos, ni las palabras…
Ni tu fulgor de hembra buena ya distante…

¡Qué fácil has venido
a mi voz, y en qué instante!