Un equinoccio herido te rescata
sin tino asciende marzo por tu espalda
horas, insensatez, luces sin falda
mi piel de oscuridades se dilata.

Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo
mas me asfixia ese aliento que reclamo
cuando surco los mares de tu frente.

Nacen de mí las águilas sin cielo
y de tu campo gris huyen los potros 
la vida toda es un adiós sin velo
un ver partir alegres a los otros;
juguemos pues, es dócil el desvelo:
finita inmensidad la de nosotros.