El niño, mirando la charca donde flotan los años,
duerme hojas cuyo cuerpo se almidona como barcos
en mitad de una tormenta en que el peso de la lluvia arrastra
la conciencia fugaz de que el presente está pasando.

Las cosas que ahora sigues recordando flotan sobre las aguas del olvido
el niño del mar profundo, de la espuma iracunda y la sal fresca
baila con la muerte, retoza sobre las heridas de la guerra
ríe porque la vida es a la muerte lo que el polvo a la arena.

Será ceniza, dormirá mecido por el ostro que peina sus sueños
bajo un cielo lleno de prismas de marfil besando la mano de la tarde
el ocaso arropará su memoria y guardará bajo llave
hasta el último aliento que quede cuando el recuerdo calle.