He notado que cuando me miras
mi alma no sabe cómo responderte.
Cuando te diriges directamente
sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo.
Al reunirnos en persona
los estímulos me juegan una mala pasada.

Quizás los astros no sonrían por la inmensa oscuridad,
o las coincidencias sean efímeras por una unión incierta;
tal vez, me ofrezcan la avaricia millonaria
o una felicidad momentánea…
Prefiero melancolía a tus brazos
y perderme en el cosmos de tu mirada.