La gastronomía rodea la caleidoscópica vida
mi niñez jugueteaba trepada
en las maderas de la redila
de la camioneta.
Mi padre me dijo
quieres un huevo ranchero
invitándome a comer.
El afecto de sus brazos se extendió
para bajarme
aquel gesto alimentó mi autoestima
fue el mejor desayuno.
Las cosas que ahora sigues recordando flotan sobre las aguas del olvido.