Siempre estás en el corazón de las cosas, carne del deicidio ofrecido a lo inútil.
Cuando callas, minutos sólo quedan antes del abismo
¡Dispara, no llores ! Solo el tiempo y la muerte lucen en tu rostro.
¡Me haces pensar demasiado! ¡Calla! Sólo la triste hostia de la noche lleva tu nombre.
¡Ya no estamos para ceniceros! Los objetos prestan su sombra para tus preguntas tardías
¿Cuánto hay de deseo esta tarde?
¿Me amas? sé que de amor me lleno dulcemente y en voz a borbotones me derramo.
¡No me busques en tus respuestas! He macerado mi cuerpo para negarte.
La mano del Santo sangra mi rostro
Y la caricia del hueso se vuelve sombra de lo otro
Aún por pronunciarse al final de nuestra
Impropia historia
De salvación y delirio