Este no es un trayecto de ida y vuelta:
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido
mientras que tú te sigues alejando.
Cuando se para el mundo,
sueñas con campanarios sumergidos,
con música de astros, suspendida
en la ausencia de todos los sentidos.
Pero vuelve la luz. Y te sacude
como una mano ajena, despiadada.
El corazón despierta, el agua fluye
con un sordo fragor de catarata.