Refugio en ti, desde su tiempo de agonía,
y un soplo nuevo de tu aliento pide el día;
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido,
su luz agotan convocando tu presencia
frente al retrato que perfila tu experiencia.
Juez y parte serás del rumbo a un puerto incierto:
qué intentas rescatar, qué le entregas al fuego
donde arrasan las llamas, del hombre que has sido,
las sendas que quizás debiste haber seguido.
Si eres justo, no habrá rencor en la mirada
que sobre el lienzo ha de esbozar tu pincelada,
e irás sin miedo a zozobras, liberado,
en pos de la clausura y suma del pasado.