Hay un canto de pájaros sin nombre
que siembra de sonidos
esta hora de pálpitos inciertos,
de voces saturadas de silencio.
Tú y yo vamos sin rumbo,
asombrados de estar juntos,
sin apenas decir una palabra.
El tiempo es nuestro y el paisaje
y hasta esa nube que anuncia el ocaso del día.
Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.
Al despedirnos sabemos aún más de la amistad,
de la palabra que dice lo que somos
y del silencio que todo lo enriquece.