Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo,
cuando entre libros llegas de repente
y sin saber tu nombre te reclamo.
Sé que hay en ti vestigios de Macondo,
sutiles distorsiones del realismo
que tenaz pugna por llegar al fondo
de tu espalda, acaso un espejismo.
Sé que eres tú la que ofrece gigantes
por molinos, la que presta y ordena
ejemplares, novelas de Cervantes.
Y sé que yo (mis huesos tan distantes),
padezco con el ex libris la pena
de verte solo a medias, entre estantes.