Una música secreta abrigó esa noche el oscuro batir
de estrellas, descubriéndonos el alba.
¿Recuerdas la silente sonoridad de aquel instante claro e infinito?

Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo. Como aquel niño
en la ventana abierta hacia el azul.

Nuestras manos y el mar se pueblan de olas
con la brisa crepuscular del tiempo.
Ayer, cruzando ya la cancela verde

que nos abre paso a la luz serena de los acercamientos,
imaginé los ojos del joven, la ventana
y un vilano de luz posarse en tu rostro.

Hoy mi voz, eco presentido, continúa lenta
escribiendo el guión de nuestras vidas.