Estás en lejanía condenada
a escuchar el silencio en las paredes
y en esas soledades nada puedes
por mucho que me arrojes a la nada.

Caerás una y otra madrugada
en el vacío de tus propias redes
y no me importará que allí te quedes
tiritando sin mí desesperada.

Ya no podrás herirme displicente
porque no oirás las veces que te llamo
ni mi risa sufriendo alegremente.

Pues yo, mientras tú dudas si te amo,
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.