El cristal y el fondo de tu ventana,

la mágica duda,

la humana tristeza,

todo se ha juntado en el portazo

que diste la última tarde,

en que la lluvia cubría mi huella frente a tu puerta

como esta tarde,

inconfesablemente gris,

donde he evocado tu memoria,

y ¡qué fácil has venido

a mi voz, y en qué instante!

para nombrarte aquí amor,

para abismarme.