Sé que de amor me lleno dulcemente,
Y en voz a borbotones me derramo
Sé que las calles susurran imprudentes,
Ya cantan que a su marido, yo amo.

Y a ella la imagino… Divina,
Y su hijo, un ángel rubio de tarde.
Yo me siento la sierpe sucia, mezquina;
La sangre mía ya no corre ni arde.

Le amé como un ave en declive
Y si dicen que el amor nos revive,
Siendo más que palabras mi amor por él,
Decidí callar, tragar el beso aquel
Sobre mi epitafio he de firmar:
Yace aquí quien nunca bien supo amar.