Miré por la cerradura de tus besos
y no hallé más que consuelos pasados.
Me duele tanto.
Anoche soñé con un cielo incoloro
que resignado se arrodillaba a mis pies.
Me duele tanto esta manera de morir:
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.
Casi es de día en plena madrugada.
El silencio, viejo heredero que se apaga,
me susurra que hay poemas inevitables
brotando como un lamento
en la risa de mañana.