Nos hemos visto en una trinchera desacertada entre dos bandos,
tú la mujer imposible, yo la mujer improbable.
Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo,
por eso creciste en mi atrevimiento;
habías nacido con mi reclamo.

Pero quisiste ocupar los espacios, los inviernos, el tiroteo,
quise pecar mi presente por ti y no pude
arriesgarme con la poesía;
e igual que naciste, mujer imposible,
moriste en mi cobardía.