Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido,
pensaste que el tiempo, maldito embustero
te ofrecía las promesas del mañana.

Ahora yaces peregrino, huérfano en su letargo,
con el bocado del deseo y el quizás enjugando tus labios,
ansiando ser de nuevo página en blanco, negativo sin revelar,
al amparo del silencio, de la eterna oportunidad.