Mientras más el tiempo se emborracha
de tus lágrimas enclaustradas,
más las hojas del calendario caen
del sobrecogedor árbol de la sospecha,
que acecha en las paredes de la casa aislada.

Enjauladas alas. Volantes fantasías.
En cuanto la memoria busca al niño y el río,
tú huyes del escarpado acantilado del día a día.
Ignoras que acampa en su borde,
entre chocolatinas y latas de sardina.

Pero tu suerte mana por los canalones
de las distracciones,
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.