Siempre que puedas, huye del rebaño o terminarás
en el mismo lugar donde empezaste
preguntándote quién te robó estos años
mientras te dedicabas a complacer a cualquiera.

Procura tropezarte solo con tus piedras
y no con las de nadie, porque en un instante
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.