Tomaste mis manos entre las tuyas;
son toda mi herencia, piel de cemento
que de niño temió acariciarme
y luego decidió arrepentirse:
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido
en silencio
hago inventario y recuento
esos ocho dedos
una y otra vez
saboreo tu mismo remordimiento.