Me acusas de desamor
“porque te hice de la nada,
de la sorpresa y el deseo”
tras una luna de sangre.
Rechazas así mi amar
condenándome a morir,
a retornar al eclipse
y esperar de nuevo el sol.
No sangran mares tranquilos
ni páramos selenitas,
fluyo yo cuando voy a ti
que no eres nada ni nadie.