En la curvatura de las saetas del mar
no acierto a encontrar las olas,
no consigo declarar culpable
al momento enfurecido y frágil.

El mar, pasarela de ausencias,
apura la espera que, cuándo se vacía,
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.

Amor, de anhelos en carne viva,
recoge la salmuera de las lágrimas
y cancela la hipoteca del silencio
qué, a borbotones, se derrama en mí.