Erase entonces la idea de un ciego
quien por entonces como tonto anduvo ensimismado
perdido entre las superfluas miradas; entre
rosas y primaveras; y entre verdades escondidas
estuvo depositando un todo y, sin embargo
no hubo más respuesta que una débil mirada
pidiendo perdón, diciendo que todo era mentira
que ni mañana ni nunca recordará su ausencia.

Pero, fueron los relojes quienes permitieron
al ciego ver y cuando quiso la misma figura volver, dijo él:
Las cosas que ahora sigues recordando
Flotan sobre las aguas del olvido
No te aparezcas más.