Estremece tu latido mi vientre
y en voz a borbotones me derramo
para abrigar con nanas cada pliegue
de tu corazoncito desbocado.

Sé que de amor me lleno dulcemente
y al compás te deslizas en mi cuerpo:
ya estás aquí, mi pequeña serpiente,
ya cambiarás de piel entre mis dedos.

Te me escurrirás y vendrá la muerte
a cobrar lo que no deshizo el tiempo,
pero hoy la retaremos tercamente
cantando nanas libres y latiendo.