… Pronuncian un presente de sentencias;
sostienen la pulsión de los delirios,
son yemas que recubren nocturnancias…
Sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo.
«En mis ojos se contempla el cielo abierto»:
El timbre atemoriza a la inocencia,
encuentros en presencia de la luna.
No tienen aquí parte alguna las palabras,
que extingan el sabor de la cordura.