¡Qué fácil has venido

a mi voz, y en qué instante!

De duda o fe, de olvido

quizá, y qué elegante

tu pretexto fingido.

 

Sin hacer ningún ruido,

con tu alma vigilante 

recobro lo perdido,

con tu velo radiante

de ti salgo vestido.

 

No hay modo semejante

de atender mi pedido.

¡Qué fácil has venido

a mi voz, y en qué instante!