Cuando tus ojos invitan a soñarte,
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo
sobre tu palabra, promesa en tus labios.

¿Quieres negarlo ahora? No, ya es tarde.
Mi sentir con el tuyo resplandecen
en ardorosa llama que, sin descanso,
alienta al corazón con su pálpito.

No renunciaré a ti, al sueño de este amor
que me pertenece; y si a mí no vienes,
lo adoraré como ídolo sagrado.

No renunciaré a ti, lucharé en tu nombre
por su latir, que es el mío. Si lo quiere
esta vida y sino en la otra… por siempre.