Sé que bajo mis altos brazos verdes
él me mira como un gigantesco árbol
y yo, bendito bonsái fatigado por los días
no encuentro forma de hacerlo subir.

Has intentado reptar por mis ramas secas,
Santo Olvido, pequeño pingüino del cielo.
De mis tallos te sujetas para no resbalar;
y yo, humilde búho, te lamo para sanarte.

Pasarán las lluvias tras los soles
y seguirás buceando por mis brazos
Sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo.

Olvido, hijo de mis hojas y mis savias,
serás un soplo de alegre viento al caer.