Anticipa tu presencia el aleteo de colibríes
y en mi vientre prende un fuego atávico
que me liga a la primera mujer.
Si contemplo el brillo de tus ojos
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo
cuidando de no empañar tu inocencia,
queriendo extraer de ti
la sabiduría de tus tres años.
Dime, ¿debería soñarte?
¿Me atrevo a intentar replicar el milagro?
Sonríeme y no me respondas.
Guárdame el secreto.
Tu madre te llama.