Abandonadas las riendas
que le habían orientado
transitaba tenebrosas sendas
como un caballo desbocado.

Tras su regreso al hogar,
agotado y malherido,
mordía sin relinchar
el bocado escupido.

Su fiel jinete le calmaba
cuando esta sentencia pronunciaba:
«las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.»