Tengo una gotera de pánico amagando la despedida
pero golpeando
un arrullo de tambores para la vigilia
y no tanto:
el sueño viene entre pastillas, mientras tierras abajo
tu rostro se pierde en un visillo de lluvia de luces y
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.

Había un gallo de oro cantando en la mañana
una mancha de luz en la pared
un cuerpo sobre la cama.
Una pasada de tacto me recuperó
el poniente se bajó del plan en una náusea sobre la sábana.