Un padre le dijo a su hijo:
-Jamás olvides que la vida se acaba,
se acaba como el canto de las aves
que hoy vuelan felices en el cielo,
pero mañana su canto sólo vivirá
en la memoria de quien lo escuchó.
Nada es eterno, al menos no en este mundo,
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.
-El fin está cerca, lo percibo.
-¿El fin del mundo? -preguntó el hijo-.
-No, el mío.