Nunca había dudado y, de repente,
no sé si eres memoria o puro olvido,
si ardiente corazón o frío fluido,
no sé si negra sombra o luz latente

razón fugaz, o causa permanente
algo que pudo ser o que no ha sido.
Sólo sé que existo y por mi latido
sé que de amor me lleno dulcemente

y en voz a borbotones me derramo.
No existen las heridas, me las lamo
a lengüetazos suaves, no las muerdo.

Nunca había dudado y ahora reclamo
para mi paz la duda en que me pierdo
y apacigua en la noche el lado izquierdo.