La oí recitar unos versos,
«sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo»,
fue entonces, cuando trasmutado
del dolor, del presente y del pasado,
contemplé la ruina y el estruendo
de mi vergüenza desmoronándose
sobre la sombra de la persona
que jamás volvería a ser.