El sabor salado que ingiero,
que hecho de corazón roto de estaño
quiebra al cristal de tu te quiero,
no es más que gota en mar de desengaños.

El pesar sufrido mil años,
que oculto en mi frío infierno más sincero
tortura mi espíritu huraño,
no es más que señal de mi mal agüero.

Si a ciegas remando naufrago en dolores,
sé que de errores aprendo hábilmente
y en mudo a borbotones me proclamo:

No daré por buenos todos los amores,
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.