Descuida, no abismaré mi pecho,
ni será roto tu silencio de fonendo,
sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo.

Extenderé el pigmento por todo tu cuerpo,
lo haré lento y callado, como dejaste escrito;
lo cubriré de ese azul tuyo de pluma,
aquel azul a punto de morir de la simas submarinas.