Pugnamos por hacernos memoria vana
entre hombres y mujeres, islas desiertas.

Nos vence el sueño de creer en una eternidad
que escapa en clepsidras color del barro.

Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.

Evocas solo sueños encallados
en el crepúsculo perpetuo que es el tiempo.

Seremos nada: brocales del pozo
devorados por el musgo indiferente;

crótalos enmohecidos, abandonados
con desgana sobre la mesa del banquete.

Cenizas en urnas de frío ébano
reposan en el mármol de una noche eterna.