Nunca me gustó el mundo,
hasta que lo vi plasmado en tu belleza:
Vi en tu cabellera un mar que cubría tus orejas,
exhibía las olas de tus aladares
y bañaba tu frente como una hermosa playa;
tus mejillas, bellos bosques que me desorientan;
tus ojos, vegetación para alimentar mi alma.
Cuando pienso en la dulce saliva del volcán de tus labios,
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.
En mí prevaleció la acucia de convertirme en tu Sol
para alejar la penumbra de tu belleza,
pero me descuidé y brillé tanto
que extinguí todo aquello que te daba vida.