He reescrito cada noche cada uno de estos versos,
imaginado en silencio cada palabra
que se desliza lentamente en cada punto de tu sinuosa espalda
y ahora sé que de amor me lleno dulcemente.

En esa mirada que marca mi tiempo (y mi destiempo),
dulce angustia perdida en la punta de tu lengua,
prisionera de tu boca,
que espera ese beso que no llega
y en voz a borbotones me derramo.