Llueve sobre calles ya empapadas,
sobre las calles vacías y oscuras.
Tus pasos siguen el eco de otras huellas
en unos callejones que se difuminan
según vas avanzando. A tu memoria acuden,
sin ser llamadas, imágenes de otra lluvia,
de otras calles, de otras ciudades, de otros pasos.
Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.
Es el momento de calzarse las botas,
ponerse el chubasquero, y no dejar de caminar,
por mucho que diluvie, ir decidido
hacia esos momentos que no quieren morir ahogados.