Pues de ella se fue lo que más amo,
ya, la vida la miro indiferente:
¿cómo puedo vivir con ella ausente?
Y grito, y delirando, al cielo clamo,
sin que sirva mi angustia de reclamo
porque imploro y suplico inútilmente.
Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo;
solo si alguna vez me respondiera,
volvería a mi vida la alegría,
mas, tengo que admitir que tal quimera
es solo fruto de mi fantasía,
y aun así, si una vez siquiera
escuchase su voz, ¡yo viviría!