En la noche, en la soledad de mi alcoba,
y recordando tus palabras ardientes,
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.

Ahora la Luna recorre mi cuerpo desnudo,
lo perfila suavemente al igual que tú haces
cuando, despacio, me acaricias sin cesar
en esos momentos brujos que compartimos.

Y yo pregunto: ¿Hay amor más grande que
el tuyo por el mío, y el mío por el tuyo?

No he visto mal, no fue una ilusión vana.
Ha sido muy real el pícaro guiño de la Luna
mientras, codiciosa, sigue plateando mi cuerpo
en la oscuridad y el silencio de la noche.