Ya no te busco en el caos desolado
de mis estériles días.
Ya no arrastro, por senderos opacos,
de mis pies, las escaldadas plantas.
Y cuando en mis desvelos aparece
tu imagen en fantástico destello
y se deshace en copiosa lluvia,
muerdo mis labios, obturo el lenguaje,
disfrazo de bonanza la tempestad
que me devora el alma y no te llamo…
Aunque si, en tus más tiernos
delirios, tú me nombras
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.