Días pasados, tempestad augura.
Su caricia eriza amor por la vida,
pero su pobre mente deprimida
marchita el ser y desdicha supura.

Dulce anciana de mirada amigable
por ti volé más de lo imaginable
pues al caer, tu regazo hallaría.

Pero hoy tus ojos se pierden nadando,
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.

Donde lo evidente se torna arena
y yo me ahogo como un desconocido,
sombra falsa que pasa sin sentido.
Me muero ante ti, sin gloria ni pena.