Al hermano querido

qué vivió lo que Dante.

A ti que te has perdido

persiguiendo a una amante.

Y al que ha fallecido

sin poder mirarte.

 

¡Dios! ¿Habrás seguido 

tu propia luz cegante?

¡Qué fácil has venido

a mi voz, y en qué instante!

Que fácil has dolido

tan solo con pensarte.